Inicio#COLUMNASCOWEB1984 O CUÁN PELIGROSA PUEDE SER LA CIENCIA FICCIÓN

1984 O CUÁN PELIGROSA PUEDE SER LA CIENCIA FICCIÓN

Por Antonio Muñoz 

Otro clásico de la ciencia ficción que probablemente más de alguno ha leído, es el mundo anclado en la realidad fascista de la novela de George Orwell “1984”.

Un clásico en la literatura que apenas me atrevo a reseñar por su envergadura e importancia en la cultura contemporánea, pero que me parece necesario relevar dados los tiempos que corren, cuando una de las mayores potencias mundiales tiene en vilo a toda la humanidad en su avance para tomar posesión de Ucrania.

Mi primer acercamiento con el libro son las películas distópicas de los 70’s y 80’s que me veía en la tardes de cine de canal 13 – o en otros horarios – y que disfrutaba cada vez que coincidía. Marcados me quedaron algunas escenas y situaciones como la quema de libros de Farenheith 451 (Ray Bradbury) o la primera versión de Soy leyenda protagonizada por Charlton Heston (de 1971, varias décadas antes de la de Will Smith y donde los zombis hablaban). Sabía que “1984” era una de esas historias, pero nunca vi la adaptación hasta ahora luego de leer el libro, que como ya hemos planteado en este espacio, puede ser lo ideal para valorar de verdad la obra literaria.

¿Por qué leerlo? Es de esos libros a los que se llega por recomendación, no de amigos, si no que de otros autores, artículos y/o referencias directas en otras obras que te obligan a buscar de dónde viene tanta buena crítica.

Y leyéndolo uno se da cuenta porqué.

La historia parte con la descripción de la vida de Winston Smith, funcionario del Ministerio de la Verdad, con una vida gris llena de restricciones producto de un régimen totalitario y asfixiante que no deja ninguna libertad y coarta todos los derechos civiles y sociales. 

Winston trabaja en una gris oficina que regula la información oficial del partido que gobierna el macrocontinente llamado Oceanía, que comprende lo que hoy conocemos como Gran Bretaña – América y Oceanía. El régimen, dirigido por “el partido”, está en permanente guerra con los otros dos macro-continentes, Eurasia y Esteasia, con los cuales permuta su rol de aliado enemigo durante la novela y, al parecer, durante gran parte de la historia reciente de la humanidad.

La descripción de la vida de Winston nos deja claro que la sensación de opresión es una constante y que todos quienes pueblan el Londres de la novela, principal metrópolis de Oceanía, padecen las consecuencias de estar en una guerra permanente, pues los víveres escasean y toda la información que llega guarda relación con los avances y victorias de la guerra o bien para denostar a los enemigos, externos e internos, del régimen. 

Pues si, existen disidentes y una posible resistencia, la esperanza de derrocar el gobierno opresor, aun cuando los líderes que el régimen logra capturar son torturados y expuestos al escarnio público, revelando hasta sus más oscuras motivaciones.

Pocos aspectos de la vida son para el placer. Tanto el trabajo como el deporte o la educación están completamente regulados por el estado opresor. La alegoría con un estado fascista y omnipresente es clara y está representada en la figura del Hermano Mayor (Big Brother), personaje claramente identificado como el líder del gobierno, que a pesar de no interactuar con nadie está presente en toda la novela, en carteles y telepantallas con su cara observándote en todo momento. 

Es a quien los ciudadanos deben total pleitesía y fidelidad pues es la representación del partido aun cuando a quien más teme Winston es a la policía del pensamiento, brazo represor del régimen que te puede arrestar y hacer desaparecer solo por considerar que tienes ideas opuestas o si alguien te delato. ¿Les suena conocido? 

Los únicos que cuentan con algún grado de libertad en un sistema totalmente opresivo, son los proles (clases bajas) quienes relegados a los guetos de la ciudad, al menos cuentan con mayor libertad para vivir, criar hijos o de plano volcarse a los vicios. Con la salvedad de que son en estos sectores de la sociedad donde la guerra golpea más fuerte, con continuos bombardeos.

Pronto nos damos cuenta que, por su cargo dentro del partido exterior, el único espacio de libertad de Winston es su mente, en la cual podemos ser testigos de las incongruencias que pueblan la realidad. Winston trabaja para el ministerio de la verdad, que está a cargo de corregir la historia a través de la prensa, modificando noticias pasadas, según con quien se encuentren en guerra o según quien sea descubierto como traidor, lo cual hace con especial talento, pero que sabemos va contra todo lo que él cree.

Luego están los mecanismos de control como la hora del odio, donde todos los funcionarios públicos asisten a una especie de noticiero, proyectado en sus salas comunes en el trabajo y donde son informados; pero, además, pueden verter toda su emocionalidad y rabia hacia las figuras de los enemigos del régimen.

La constante manipulación de la versión oficial, según con quien se esté en guerra, contrastan con la necesidad de Winston de saber la verdad, una noción que perdió hace mucho tiempo, cuando de niño pierde a su madre y hermana producto de la guerra.

Vemos cómo ha logrado eludir el control totalitario fingiendo total fidelidad al partido a pesar de que aborrece al resto de funcionarios que lo rodean y sus continuas demostraciones de aprobación a las medidas restrictivas. El chocolate y el alcohol son racionados y de mala calidad. Es sin duda la peor vida que se puede imaginar, pero Winston mantiene la noción de que no fue siempre así y su búsqueda de la verdad lo lleva a buscar un escape.

En sus continuos paseos por los barrios proles, encuentra a una chica del partido que prontamente le demuestra su interés y le hace ver sus ideas comunes. Julia representa todo su anhelo de libertad y de amor por lo que no está permitido, por la vida de placeres y es el paso ciego al abismo que sabe lo llevará a ser descubierto. En verdad ambos lo saben pero se arriesgan.

Sin avanzar más en la trama, solo les puedo contar que los paralelismos y trascendencia de la obra son asombrosos. Orwell escribió la novela en 1949, luego de la segunda guerra mundial y no pude evitar ver en el hermano mayor (gran hermano), la figura de un carismático Hitler, adorado y aborrecido por igual. 

Los regímenes totalitarios que han devenido durante los años siguientes a la novela, repitiendo los mismos patrones: manipulación de la información, control total de la vida civil, agentes del estado que atentan contra los DDHH. Creo que no es necesario seguir.

Tuve el temor, al empezar a leer, que dado el carácter crítico y sarcástico de Orwell (ya había leído la rebelión en la granja, otro clásico del autor e imprescindible lectura), la historia fuera una alegoría propagandística de los riesgos de un régimen totalitario de izquierda, para lo cual ya tenemos bastante con nuestra propia clase política mojigata y temerosa de los cambios al status quo. Pero afortunadamente me equivoqué, ya que el libro es mucho más profundo que eso. 

Es una obra de sus tiempos, posguerra, con la desesperanza propia del trauma de ver amenazada la libertad durante tantos años. Pero también es un libro que trasciende el tiempo y vigente completamente, antecedente claro del steampunk (género muy popular por estos tiempos), logra retratar los regímenes totalitarios de cualquier ideología, de manera casi caricaturesca pero pavorosamente real. No cuesta imaginar que algo así podría pasar en el mundo si los fanatismos y los líderes carismáticos enceguecidos por el poder dieran rienda suelta a sus necesidades de control y no hubiera oposición suficiente. 

Quizás el libro va más allá, ya que nos deja una sensación de impotencia y desesperanza por la crudeza que retrata. Los proles y sus vicios que no permiten la rebelión por una parte, y las elites dominantes que también con sus vicios, vulneran toda libertad, inclusive la de tener opinión propia y dominan hasta los pensamientos.

Es un clásico que eleva al punto más alto el género de la ciencia ficción, que de manera retrospectiva, podemos ver como en tantos países se ha replicado la historia y se han cometido los mismos errores, incluyendo el nuestro.

 

No se puede quedar ajeno al mensaje de humanidad que resalta entre tanta sátira. No es un libro que por ficcionar una realidad, se aleja de los temas fundamentales de la humanidad, como el sentido del ser y la libertad de conciencia, que vemos amenazada cada vez que un grande se hace en el poder sobre un pequeño. 

Es cosa de prender la televisión y ver a Putin como un gran hermano, odiado y admirado al mismo tiempo, justificando las atrocidades de la guerra por su propio interés de posición geopolítica. Y por otro lado, el resto de países igual de cómplices en las causas de la guerra, conformándose y alineándose dependiendo de su mejor conveniencia. Y en tercer lugar, un país pequeño que paga los platos rotos solo por estar situado donde está.

El tema es a que nos lleva todo esto, si ya Orwell nos dijo hace 70 años en que puede terminar.

Por último decir que si, hay una película, bastante buena y que logra transmitir la esencia del libro, con actores notables como John Hurt, Suzanne Hamilton y Richard Burton en los papeles principales, que probablemente de manera intencionada, se estrenó en 1984 y que está dedicada a Burton quien fallece luego de filmarla.

Claro que la recomiendo, pero aunque suene repetitivo, si ya lo leyó o si no lo ha hecho, abrir las páginas de 1984 no tendrá desperdicio pues es una obra completa en su forma y fondo, imprescindible para estos tiempos.

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