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PIG, LA REDENCIÓN DE NICOLAS CAGE

Por Alfredo Gutiérrez

El amor en un oscuro mundo gastronómico y criminal.

Un ermitaño vive junto a su cerda trufera, en un estado de equilibrio maravilloso, pasando el día calmo y pleno.  Todo cambia cuando le roban a su compañera. De ahí en adelante se viene una espiral, no de venganza a lo John Wick, sino de una búsqueda implacable que lo lleva a dejar su cabaña en el bosque y volver a la ciudad para tratar de recuperar al marrano.

El negocio de las trufas, plantea la película, sigue siendo un lujo reservado para la alta cocina y por lo mismo, el circuito es más bien cerrado y requiere de intermediarios acreditados y ambiciosos. Amir (Alex Wolff), representa ese personaje y aparece en la película como el secuaz que acompaña y guía a Robin (Cage) por la ciudad.

El famoso histrionismo del que hace gala el protagonista de cintas como Mandy o Ghost Rider, se subvierte en una actuación contenida, que contrasta con la locura y desquicio de una sociedad engullida por el materialismo y obsesión por el poder, el dinero y la fama. Es ahí donde la película gana, al retratar al sereno, pero implacable Robin, soportar la violencia de un oscuro submundo gastronómico y criminal.

A medida que sigue las pistas, recibe un implacable castigo físico que como si fuera su único traje, lo carga minuto a minuto sin detenerse ni siquiera para limpiar su cara ensangrentada. Pero esta no es una historia de violencia, sino de dolor, de tristeza y soledad. No sabemos qué sucedió en su vida, sólo que decidió abandonarlo todo para componer una sinfonía de nostalgia y melancolía alejado del mundo, acompañado solo por su cerdo.

Es la redención de Nicolás Cage, que de la mano del director Michael Sarnoski (es su primera película), muestra todo el inmenso talento que tiene, no solo por su contenida actuación, que de por sí, ya es un victoria, sino por llevar la idea de desolación a otro nivel. 

Pig es una historia sobre la pérdida, sobre la fragilidad emocional y la voluntad de hacernos cargo de nuestros dolores más íntimos e intensos. Esta tragedia está narrada de forma conmovedora y somos testigos del ascenso del amor no sólo al cerdo, sino a la memoria, la familia y sobre todo a la idea de que los anhelos deben ser el centro y brújula de nuestras vidas. 

 

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